EL SENTIDO DE LA ETICA

Carmen Zavala

 

¿Por qué se dice que en estos tiempos la juventud carece de o ha perdido el interés por los valores morales? ¿Es acaso posible sobrevivir racionalmente fuera del contexto de una escala mínima de valores morales?

 

En nuestra sociedad a disfrutado del desarrollo libre de su razón dentro de un espacio de respeto consecuente de leyes morales o porque ha percibido que este espacio le ha faltado (el caso de los que se han educado  en familias dónde la regla es no ser moralmente consecuente).

Los padres suelen enseñar una serie de dogmas a sus hijos, que estos asumen como prejuicios. No son juicios, porque los niños no suelen juzgar los dogmas, que se les enseña y además no están en la mayoría de los casos en capacidad de juzgarlos sabiamente, porque les falta experiencia de vida (salvo en aislados casos, cuando los dogmas enseñados por los padres se contradicen flagrantemente y los hijos hacen uso de su capacidad de razonar, que está en desarrollo). En la mayoría de los casos los niños simplemente aceptan los dogmas enseñados, como prejuicios. Cuando reflexionamos sobre nuestros prejuicios y después de una reflexión llegamos a la conclusión de que éstos pueden ser universables y que son útiles y necesarios para lograr una vida mejor (imperativo categórico), entonces los llamamos valores morales. También hay prejuicios negativos. Estos se caracterizan por no ser universables, ni necesarios.

El niño que se ha vuelto hombre dentro del espacio de leyes morales de la familia, se ha dado cuenta de las ventajas que tiene plantearse leyes morales para poder hacer uso libre de su razón, ya sea porque ha disfrutado del desarrollo libre de su razón dentro de un espacio de respeto consecuente de leyes morales o porque ha percibido que este espacio le ha faltado (el caso de los que se han educado  en familias dónde la regla es no ser moralmente consecuente).

Este hombre, desde niño, aprende a buscar espacios en donde pueda ejercer su razón también fuera del núcleo familiar (amigos, compañeros de clase, etc.).  

Cuando llega a hacerse conciente de que su libertad para desarrollar su razón, sólo puede darse bajo el presupuesto y la certeza del respeto de ciertas leyes morales mínimas, entonces, este hombre se une en una organización junto a otros hombres que han llegado a la misma conclusión. Según las leyes morales que ellos consideran mínimamente necesarias para poder usar libremente su razón, se organizan en sindicatos, partidos políticos, comunidades religiosas, etc.

La concepción ética que Hegel defiende en su filosofía del derecho es a mi parecer una "ética" amoral de "espíritu de cuerpo" con un grupo humano cualquiera que forma el Estado en el que uno habita.

Para entender bien esto delimitaré primero algunos términos, para poder precisar en qué consisten las imprecisiones en las determinaciones de Hegel y volveré al punto concreto de la pregunta inicial en la parte de "conclusiones".

 

 

1. Tipos de espíritu de cuerpo

 

1.1 Espíritu de cuerpo con nuestro Estado
 

Hegel presenta las cosas de modo tal, que el Estado resulta siendo el fin último de  las personas, ya que éstas sólo pueden desarrollarse libremente, es decir racionalmente, dentro del Estado. Efectivamente si uno considera que sólo dentro del Estado uno se desarrolla plenamente como ser humano haciendo uso de sus facultades racionales, entonces en tanto que uno forma parte del Estado y en tanto que formándolo uno lo fortalece, es consecuente que uno obedezca las leyes de ese Estado. Esto vale también en los casos en que las leyes sean desfavorables a uno o en caso de que parte de esas leyes no parezcan justas, pues aún si fueran injustas forman parte de un conjunto de leyes, que tiene una cierta lógica interna, por la cual se considera que es todo el conjunto de las leyes el que es necesario (inclusive aquellas leyes sobre las que no hay concenso sobre su racionalidad). Por eso es que Sócrates le plantea a Critón (50 c - 51 e) que él no podría justificarse ante los atenienses si huyera, burlando las leyes de Atenas, ya que toda su existencia (matrimonio de sus padres, educación) se deben a ellas. Y así aunque las leyes pareciesen ocasionalmente injustas, al igual que a los padres, que ocasionalmente pueden obrar injustamente, no se las puede atacar o desautorizar. 

A esta posición se la podría llamar espíritu de cuerpo con el Estado.

 

 

1.2. Espíritu de cuerpo con nuestra familia

 

Tal como hacemos con el Estado, también dentro de la familia solemos hacernos de la vista gorda cuando por allí miembros de la familia cometen actos, que a nuestro parecer son totalmente inmorales. Esta actitud es resultado del espíritu de cuerpo con la familia. Si bien el hecho considerado inmoral se discute en familia, en última instancia se suele aceptar de todos modos al miembro inmoral. Esto vale con respecto a los padres e indirectamente con respecto a los demás miembros, por respeto a los padres, y también con respecto a los hijos por salvaguardar la integridad de la familia. Esto quiere decir que no nos solemos sentir con autoridad moral para enjuiciar a nuestros padres, casi independientemente de lo que hayan hecho, al igual como Sócrates plantea, que no tendríamos derecho a poner en juicio las leyes de la polis, pues a ellas debemos nuestra esencia y existencia. Por otra parte tampoco solemos expulsar a nuestros hijos de la familia aunque actúen  contra nuestros principios morales, porque son ellos los que constituyen la familia y su expulsión implica la disolución parcial o total de la familia.  Sin embargo hay ciertas reglas internas de comportamiento, de los miembros de la familia entre sí, que son decisivos para la existencia de la familia, como veremos más adelante.

 

 

1.3. Espíritu de cuerpo con grupos de la sociedad civil

 

Desde niño uno aprende a salir en defensa de su grupo de amigos, o de cualquier otro grupo del cual uno haya llegado a formar parte (clase, colegio, equipo de deportes, etc.). Más tarde este espíritu de cuerpo se puede ampliar a incluir también formas más organizadas de espíritu de cuerpo como pertenencia a sindicatos, partidos políticos, comunidades religiosas, etc. Estas formas más organizadas de espíritu de cuerpo se diferencian de las otras, porque giran alrededor de un interés específico y voluntariamente elegido. Como uno ha  elegido voluntariamente pertenecer a una de estas organizaciones, a uno le puede parecer más fácil salirse de ellas, si los miembros de esas organizaciones hacen cosas que uno considera inmorales. Tampoco se hace tan difícil expulsar a uno de los miembros de la organización, que según la mayoría, se comporta inmoralmente. Hay dos motivos por lo que esto resulta ser así. Primero, la razón específica y expresa de la existencia de la organización es perseguir un fin considerado como necesario y moralmente deseable por todos sus miembros (mejorar las condiciones de vida en el campo laboral, mejorar la vida en general, etc.). Por lo tanto no tiene sentido seguir dentro de la organización si ésta ha perdido su razón de ser. Por otra parte, no tiene sentido mantener dentro de la organización a miembros que no persiguen el mismo fin que aquel para el cual la organización ha sido creada.

 

 

2. Formas que toma el espíritu de cuerpo y leyes morales que rigen a estas forma.

 

2. 1 El lazo familiar

 

El lazo familiar es indudablemente el que suele unirnos más incondicionalmente (el de la familia inmediata (padres, hijos y hermanos), y sólo si es el sentir de los padres que el lazo se amplíe al resto de la familia, entonces también por respeto y espíritu de cuerpo a los padres, ampliamos nuestro espíritu de cuerpo). Explicar el por qué de la incondicionalidad de los lazos familiares directos, es decir, explicar el por qué y el cómo surge este espíritu de cuerpo dentro del núcleo familiar supongo que es trabajo de la psicología fenomenológica. Hegel afirma que este tipo de espíritu de cuerpo sería el sentimiento de amor, "el ser conciente de mi unidad con otros, de modo que no estoy aislado para mí, sino que solo logro alcanzar mi autoconciencia al renunciar a mi ser-para-sí y al saberme como unidad con el otro y como la unidad del otro conmigo." [1] Lo que acá Hegel está definiendo, es en realidad el espíritu de cuerpo en general, pero no explica, en qué se diferencia este sentimiento de aquel que sientes por ejemplo por tus amigos. Lo que sí nos dice es que este sentimiento desaparece en el Estado, donde uno está conciente de su unidad que es la ley. En el Estado, según Hegel el contenido tiene que ser racional, y yo tengo que conocer el contenido.

Analicemos primero la afirmación de que el espíritu de cuerpo, o el amor, como lo llama Hegel, se da en la familia, sin que sea necesario que su contenido sea racional y sin necesidad de que yo sepa cual es ese contenido, es decir sin que hayan leyes internas algunas de las cuales yo deba ser conciente. Me permito afirmar que esto no es así. Hay leyes claras sobre las que se sustenta la familia. Por ejemplo : los hijos no eliminarán a los padres, no habrán relaciones sexuales entre padres e hijos. No es casual, que justamente estos dos temas hayan ya sido tematizados por los griegos en el Edipo. Cuando estas leyes se rompen abiertamente, el lazo familiar se disuelve, y por lo general la familia se desintegra (cuando ésto ocurre sin el conocimiento declarado de los demás miembros, se estaría en un caso de "ilegalidad" encubierta. Normalmente tarde o temprano la verdad se conoce y en consecuencia se disuelve la familia. También en el caso de Edipo, ya ni Edipo ni nadie consideran que se sustenga que se mantenga la familia, hijo-esposo - madre-esposa - hijos-nietos, y la desgracia de haber roto con los valores morales persigue a la descendencia de Edipo hasta el final en Antigona, donde se vuelve sobre el tema leyes familiares - leyes del Estado y donde Antigona siente, que debe volver a constituir las bases de la familia, cumpliendo sus leyes, lo que hace que se enfrente abiertamente a la muerte, para recuperar lo que es elemental para la vida racional de todo ser humano y anterior al Estado, aunque en el fondo sepa que va a morir en el intento). ¿ Por qué los miembros de esas familias no se sentirían ya ligados al espíritu de cuerpo familiar, es decir, por qué se consideraría que se ha roto el pacto ? Yo diría que es, porque hay una serie de prejuicios que sustentan la existencia de la familia, y a esos prejuicios los llamaré leyes morales. ¿ Por qué no se debe matar a los padres o tener relaciones padres-hijos, es decir, por qué hay que aceptar ciertas leyes morales ? Lo cierto es que para poder desarrollarnos dentro de un espacio de tranquilidad sicológica éstas son premisas necesarias, y mientras más leyes morales se sigan en una familia, más posibilidades de poder desarrollar libremente su razón tendrá uno, pues tendrá por lo menos la certeza de un espacio de ejercicio de ciertas leyes morales, de modo que pueda dedicarse a hacer uso libre y efectivo de su razón allí. De lo contrario, los traumas sicológicos que surgen dentro de una familia donde no se siguen consecuentemente las leyes morales autoimpuestas, conllevan necesariamente a limitaciones (tal vez subconscientes) de la razón. También es cierto, que si bien el seguir ciertas leyes morales tiene consecuencias positivas, no necesariamente seguimos esas leyes morales pensando en esas consecuencias, sino que las seguimos por puro y simple prejuicio (la fe es una forma de prejuicio eventualmente positivo).

Hegel por otra parte afirma que en el Estado desaparece ese amor, que Hegel define, como lo que yo estoy definiendo como espíritu de cuerpo. Según Hegel recién en el ámbito del Estado el contenido de la unidad es racional, y recién allí tenemos que conocer el contenido. Sobre esto volveremos más adelante.

 

 

2.2 Los prejuicios positivos o los valores morales

 

Los padres suelen enseñar una serie de dogmas a sus hijos, que estos asumen como prejuicios. No son juicios, porque los niños no suelen juzgar los dogmas, que se les enseña y además no están en la mayoría de los casos en capacidad de juzgarlos sabiamente, porque les falta experiencia de vida (salvo en aislados casos, cuando los dogmas enseñados por los padres se contradicen flagrantemente y los hijos hacen uso de su capacidad de razonar, que está en desarrollo). En la mayoría de los casos los niños simplemente aceptan los dogmas enseñados, como prejuicios. Cuando reflexionamos sobre nuestros prejuicios y después de una reflexión llegamos a la conclusión de que éstos pueden ser universables y que son útiles y necesarios para lograr una vida mejor (imperativo categórico), entonces los llamamos valores morales. También hay prejuicios negativos. Estos se caracterizan por no ser universables, ni necesarios.

El niño que se ha vuelto hombre dentro del espacio de leyes morales de la familia, se ha dado cuenta de las ventajas que tiene plantearse leyes morales para poder hacer uso libre de su razón, ya sea porque ha disfrutado del desarrollo libre de su razón dentro de un espacio de respeto consecuente de leyes morales o porque ha percibido que este espacio le ha faltado (el caso de los que se han educado  en familias dónde la regla es no ser moralmente consecuente).

Este hombre, desde niño, aprende a buscar espacios en donde pueda ejercer su razón también fuera del núcleo familiar (amigos, compañeros de clase, etc.).  

Cuando llega a hacerse conciente de que su libertad para desarrollar su razón, sólo puede darse bajo el presupuesto y la certeza del respeto de ciertas leyes morales mínimas, entonces, este hombre se une en una organización junto a otros hombres que han llegado a la misma conclusión. Según las leyes morales que ellos consideran mínimamente necesarias para poder usar libremente su razón, se organizan en sindicatos, partidos políticos, comunidades religiosas, etc..

 

 

2.3. La identidad nacional o religiosa y el patriotismo

 

Cómo se explicó en el acápite 1.1., tal como dice Hegel, los hombres sólo realizan plenamente su capacidad racional en un Estado.

El Estado es una prolongación de la familia. Tal como el hombre le debe su existencia a su familia, y su libertad de razonar, al espacio de leyes morales que le ofreció su familia; la familia le debe su propia existencia como familia, al hecho de que existan muchos grupos de familias, que permitan que los valores morales que son la base de su existencia (como vimos en el acápite 2.1) se mantengan vigentes. Este grupo de familias puede organizarse en comunidades, que a lo largo de la historia van formando una tradición común de valores morales. Cuando estos valores morales van ligados al sentimiento de propiedad privada de la tierra en la que viven se les llama identidad nacional. También pueden organizarse en comunidades religiosas, como sucedió con los quáckeros o en el Perú con los "israelitas del nuevo pacto".

Sin embargo lo más común es que no haya acuerdos muy claros de cuales deban ser las leyes morales mínimas que rijan a una comunidad. Es por eso que las familias por lo general forman parte de Estados. Como bien vio Hegel (aunque más adelante entraremos en detalle sobre esto) en el Estado lo que rige es la ley, un paquete de leyes que es la expresión de cómo se ha desarrollado históricamente el consenso sobre lo que es aceptado como necesario para poder desenvolvernos libremente. El espíritu de cuerpo que forman las personas que integran un Estado, y que tiene su principal sustento en una misma ubicación geográfica por varias generaciones, se llama patriotismo.

 

 

3. Responsabilidad moral

 

3.1. Límites de la tolerancia a la inconsecuencia moral dentro de la sociedad civil

 

Es en la sociedad civil dónde menos nos cuesta romper con el espíritu de cuerpo, pues nosotros concientemente y por decisión propia hemos decidido asumir un espíritu de cuerpo con otros (grupo de amigos, colegas, etc.). Así, si vemos que nuestro mejor amigo comete un acto moralmente totalmente desdeñable para nosotros (por ejemplo, humilla inútilmente a otra persona ante sus hijos, o viola a un menor; el límite de la tolerancia lo pone cada uno de nosotros) podemos optar por romper con el espíritu de cuerpo, lo que en la práctica significa dejar la amistad, alejarse del colega, etc. ¿ Qué pasa si "perdono" a esa persona y mantengo ese espíritu de cuerpo? El motivo por el cual ese espíritu de cuerpo se creó, fue para tener un espacio de certeza de la validez de ciertas leyes morales mínimas para poder desarrollar libremente mi razón. Si resulta que acepto el riesgo de que dentro de ese espíritu de cuerpo alguien me humille inútilmente ante mis hijos, o "moleste" a mis hijos, habré retrocedido en las posibilidades del uso libre de mi razón, porque estaré más atenta a que eso no ocurra, que al intercambio de opiniones y uso de la razón en general. Como en pleno uso de mi razón y sin que hayan circunstancias externas extremas justificatorias (guerra, miseria, prisión, etc.)  he decidido retroceder en mis premisas sobre lo que deberían ser las leyes morales mínimas, me hago responsable (resulto siendo inevitablemente responsable) de las consecuencias que conlleva esta decisión.  Mi responsabilidad no es por otra parte un criterio moral en sí. Es "ser la causa de la falta de algo en la existencia de otro, de modo tal que ese ser-la-causa se determina a sí mismo como 'deficiente' a partir de su para-qué " [2], como lo entiende Heidegger. Así, si me hago responsable de que las leyes morales, que considero mínimamente necesarias para que haya un espacio de libertad de desarrollo de la razón, no se cumplan con respecto a mí o a los miembros de mi familia o a los demás miembros con los que he establecido una relación de espíritu de cuerpo, entonces entraré en contradicción conmigo mismo y al haber causado la ruptura del espacio de libertad que yo necesitaba, mi razón entrará en crisis (miedos, inseguridades, complejos de culpa y demás trastornos sicológicos, que no me permiten hacer un uso libre de la razón)

 

3.2. Límites de la tolerancia a la inconsecuencia moral dentro de la familia.

 

Lo mismo que ocurre en la sociedad civil, ocurre en la familia. Con la diferencia de que , como se dijo, los lazos familiares son mucho más incondicionados, que los lazos que unen las relaciones de espíritu de cuerpo en la sociedad civil. Esto probablemente era como dijimos porque el niño aprende allí sus primeros prejuicios, que le permiten desarrollar su razón dentro de un marco de leyes establecidas. El hijo se va dando cuenta (aunque sea subconscientemente, lo cual si bien tal vez no se refleje en su discurso, se suele reflejar en sus actitudes y actos) de que este tipo de espacios de leyes establecidas permite que se desarrolle su razón, lo que le hace darse cuenta de la necesidad de que prevalezca la familia como institución humana, y tratará de que esta no se disuelva, lo que además indirectamente lo llevará a considerar necesaria la defensa del Estado. Sucede obviamente también que hay personas que por razones que han de estudiarse por la psicología fenomenológica, no desarrollan la capacidad de desarrollar un espíritu de cuerpo dentro de la familia (suponiendo que en la familia se dé el espacio necesario, para que los hijos aprendan ; el caso contrario lo hemos analizado en el acápite 2.1.) y logrando disolver la familia o siendo expulsados por ella van hacia su autodestrucción. Estas personas son las que en relación al Estado serían los delincuentes, vagos, drogadictos, etc., que si no asumen un espíritu de cuerpo con la familia, menos aún con el Estado.

 

3.3 Límites de la tolerancia a la inconsecuencia moral dentro del Estado

 

Como vimos en el punto 2.3., el Estado es el espacio necesario que permite garantizar que las leyes morales de cada familia se respeten y que por lo tanto , posibilita, que la persona desarrolle libremente su razón dentro y fuera de la familia. Si el Estado cumple con ofrecer ese espacio que permite el desarrollo libre de la razón dentro y fuera de la familia, hay que defenderlo incondicionalmente

(por las razones que explica Sócrates a Critón) [3].  

¿ Pero si el Estado no ofrece tal espacio ? Cuál sería el propósito de continuar formando parte de un Estado así ? Por lo antes visto, vemos ahora que el problema no sólo sería que ese Estado no garantiza que las familias puedan mantener sus valores morales, lo que es el sentido de la existencia del Estado ( y en tanto ese es su sentido, el Estado es el fin último de la persona), sino que a su vez, en tanto que el Estado, a través de su gobierno ejerce una fuerza contraria a los hombres que lo conforman, de modo que éstos tampoco son libres de formar otro Estado que cubra la necesidad de brindar un tal espacio. Esto quiere decir, que si yo no puedo enseñarle a mi hijo las leyes morales que considero mínimas, para que él pueda ejercer libremente su razón, mi responsabilidad para con mi hijo pasa a primer plano, y para salvar el espíritu de cuerpo al interior de la familia, es decir salvar la familia, tengo que renunciar al espíritu de cuerpo con el Estado existente y buscar formas alternativas de salvar el espíritu de cuerpo dentro de la familia, que es la fuente del uso de la razón (por lo visto en el acápite 2.2.), es decir, buscar y plantear nuevas formas de Estado (no sólo de gobierno) que reemplacen al antiguo.

 

Conclusiones:

 

Volviendo a la pregunta inicial. Para Hegel, ética es la idea de libertad, es decir, es que mi voluntad coincida con el concepto. Se podría traducir esto afirmando que la ética es para Hegel, que la voluntad de establecer un espíritu de cuerpo en la familia coincida con el hecho de que esta voluntad se plasme en las leyes del Estado. Con la salvedad que según Hegel ese espíritu de cuerpo en la familia es el amor. El amor no es tema de esta exposición, pero me atrevo a asegurar, que al  igual que la razón, la capacidad de amar necesita antes que nada un espacio donde desarrollarse libremente, para luego poder desplegarse. Si bien el amor no se debe confundir o entremezclar con la razón, como bien se expone en el Fedro al presentar Sócrates el tercer discurso como respuesta a los primeros dos discursos plagados de argumentos racionales; es necesaria una base racional para que éste pueda desplegarse. Así pues en el amor aparentemente irracional del tercer discurso del Fedro, está sobreentendido sin embargo que por lo menos uno de los amantes es un sabio, que se entrega por entero al amor. Ese sabio se educó y entrenó su razón libremente dentro de una familia. El punto de todo esto es que en las familias muchas veces hay amor, pero lo que realmente las mantiene unidas es el espíritu de cuerpo de los lazos familiares. Es decir, donde hay espíritu de cuerpo no necesariamente hay amor, pero donde hay amor siempre hay espíritu de cuerpo. Es bien sabido, que no en todas las familias las relaciones se pueden llamar amorosas. La mayoría de las veces lo que la gente llama amor familiar no es más que el epíritu de cuerpo del que hemos estado hablando. Este es el caso de Hegel.   

El problema real de todo esto es que Hegel no ve la posibilidad de que la voluntad de establecer un espíritu de cuerpo en la familia no se plasme en las leyes del Estado. Pero esto sucede frecuentemente. Y los griegos eran concientes de esa posibilidad por lo que plantearon el extremo de esta contradicción y sus consecuencias en las tragedias de Edipo y Antigona.

La muerte de Antigona, a mi parecer, no es una de resignación espiritual y humildad como piensa David Lamb [4], sino una de enfrentar la realización del hecho de que para poder reconstruir el uso libre de su razón para ella y su eventual descendencia (la hermana representa en cambio para Antigona el patético continuar viviendo sin desarrollar la razón), es necesario reconstruir los valores morales de su familia. El cumplir con esa necesidad primordial, anterior a la del Estado mismo, por todo lo antes expuesto, es lo que la hace enfrentarse a una muerte certera, pero inevitable.

Hegel no vió pues (ni quiso ver tampoco), que cuando esas contradicciones se dan, hay que hacer algo al respecto, para reestablecer el  sentido del Estado, que de lo contrario languidece, al igual que lo hace la familia, cuando pierde su razón de ser. Si bien el motivo por el cual el Estado está perdiendo su razón de ser, puede ser la expresión de cómo se ha desarrollado históricamente el consenso sobre lo que es aceptado como necesario para poder desenvolvernos libremente, al igual que en el caso de la familia las voluntades se pueden equivocar. Esta equivocación no debe ser aceptada con resignación sino que en defensa de la razón es necesario que el hombre luche por recuperar un Estado con sentido. La respuesta de, qué da sentido al Estado, está en el análisis mismo de las reglas morales mínimas que se imponen las familias, en las que se ha logrado un espacio de desarrollo libre de la razón. Por eso Platón dice que un Estado que no  toma en cuenta la naturaleza humana (que es racional) y que no ayuda a que esta se desarrolle, no tiene en realidad ninguna constitución (de facto). [5] El texto de la República no sería por lo tanto otra cosa, que la pregunta por el alma humana, "la pregunta empírica-política por el tipo de alma humana ('Políticos') empírica" [6] y  por lo tanto el pensamiento político-práctico de Platón estaría más bien expuesto en Las Leyes y no en la República.  

 

Por todo lo expuesto, reitero  que la concepción ética que Hegel defiende en su filosofía del derecho es una "ética" amoral de "espíritu de cuerpo" con un grupo humano cualquiera que forma el Estado en el que uno habita. Es amoral, porque no se plantea la pregunta de si el Estado realmente está permitiendo que la razón se despliegue dentro del núcleo familiar. Y sin tomar en cuenta esto establece un espíritu de cuerpo con otras personas que también forman ese Estado (espíritu de cuerpo que ya no tiene razón de ser y que se asemeja al espíritu de cuerpo de las bandas de delincuentes, vagos o drogadictos, que sólo se juntan pensando en su propia supervivencia, al estilo Hobbes. Pero este tipo de Estado no se supone que sea el propuesto por Hegel). Haciendo esto, el que sigue la ética propuesta por Hegel se hace responsable (en el sentido antes expuesto) de la debacle de su familia y a la larga de la del Estado mismo, es decir, de la irracionalidad.

 

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Proyecto de Filosofía Aplicada Traductora Pública Juramentada
Carmen Zavala Red Filosófica Peruana




[1]       G.W.F. Hegel, "Grundlinien der Philosophie des Rechts....", (§158, traducido por mí) Ed.uhrkamp, Frankfurt,1978, p.307

[2]        M. Heidegger, "Sein und Zeit" §58, Ed. Max Niemeyer, Tübingen, 1972, p.282

      "Der formale Begriff des Schuldigseins im Sinne des Schuldiggewordenseins am Anderen läßt sich also bestimmen: Grundsein  für einen Mangel im Dasein eines Anderen, so zwar, daß dieses Grundsein selbst sich seinem Wofür als "mangelhaft" bestimmt. Diese Mangelhaftigkeit ist das Ungenügen gegnüber einer Forderung, die an das existierende Mitsein mit  Anderen ergeht."

[3]   El Estado del que habla Sócrates es uno donde el Estado no solo ha permitido que la familia eduque espiritual y físicamente a sus hijos, sino que lo ha ordenado. (Critón 50 d)

[4]    David Lamb," Hegel on civil disobedience", Hegel-Studien, tomo 21, p.161

[5] Platón (Nom.4, 751b2 ; 8, 832b10) citado del texto de Ada Netschke-Hentschke, "Der Ort des ortlosen Denkens" en Zeitschrift für Philosophische Forschung, Vol 42, No.4, 1988

[6]        ibid, p. 602-603